De aquellos niños especiales
En estos tiempos está de moda hablar de los niños índigo, cristal, arcoíris y sepa uno qué otra denominación extraña que se ha inventado para tratar de clasificar a aquellas personas que, desde que nacen, se comportan de una forma un tanto distinta al común de las personas.
Vamos a conversar un poco acerca de esos niños especiales.
Un niño especial no sabe que es especial. Se dará cuenta cuando comience a relacionarse con otros niños. Puede que entonces note la diferencia.
Se dice que estos niños tienen vibraciones más altas y que cierta tendencia a ayudar a otros. También se dice que en ellos no existe el mal que hay en otras personas.
Pero ellos no tienen idea de eso. Un niño especial no se aprovechará de otros, o no los usará para su propio beneficio, pero no porque no pueda hacerlo. Simplemente no se le ocurrirá. Verá que otros niños son falsos, que engañan a sus pares y él se quedará mirándolos, sin entender por qué lo hacen.
Incluso puede que trate de hacer lo mismo, pero no le va a salir bien, porque no tendrá ese "instinto" de aprovecharse del prójimo (aunque no tenga idea de qué significa la palabra prójimo).
Generalmente esto será notado por los demás niños comunes, quienes muy pronto comenzarán a mirarlo como un bicho raro. Y como este niño especial no va a poder encajar en sus juegos, casi siempre lo terminarán tratando de tonto, distraído, ingenuo, torpe y fácil de engañar.
Pero el niño especial va a tratar de encajar. Al principio, lo que hagan sus pares le será indiferente o poco atractivo. Tal vez no pueda entender por qué los otros disfrutan tanto de jugar un partido de fútbol en la cancha del barrio, o el afán de sus gritos y sus juegos. Pero tarde o temprano va a querer ser parte de ellos, va a querer sentir la felicidad que cree ver en ellos con sus travesuras y juegos infantiles.
Pero casi siempre ese intento de encajar terminará en un rotundo fracaso. Y aunque lo logre, en el fondo el niño especial nunca podrá sentirse pleno. Siempre va a estar como echando en falta algo, sintiendo que más que ser parte del grupo, solo finge ser parte, mientras que su mente anda por otro lado.
Debido a esto el niño especial crecerá con un sentimiento de frustración. Incluso puede que comience a pensar que hay algo mal en él, que no da la talla para ser como los demás.
Una característica interesante en aquellos niños es la falta de astucia. Me refiero a esa capacidad de saber aprovechar el momento, de estar a la espera de la persona o la situación para tomar ventaja para ganar algo, sin importar si la otra persona sale perjudicada o no (lo de "el fin justifica los medios"). Un niño especial no va a hacer eso. Simplemente no se le va a ocurrir hacerlo. Y si llegara a hacer tal cosa, sería sin la intención de dañar a otra persona, como un juego inocente. Y debido a que ese niño no conoce la astucia, puede ser víctima de ella reiteradas veces. Incluso toda su vida, en caso de que no aprenda la lección. Y si llega a crecer en una familia en donde ser astuto es algo bueno, es casi seguro de que va a ser calificado como el niño cándido, crédulo, "pavo" , al que el que quiera lo "hace tonto".
Esto puede hacer que el niño se convenza de que en verdad la culpa es de él. Y puede que trate de ser astuto como los demás. La mayoría de las veces le va a salir muy mal, porque otra característica de aquellos niños es que les resulta muy difícil mentir para aprovecharse de alguien. No es que no quieran mentir. Simplemente ocurre que, cuando lo haga, sus ojos dirán a gritos que está mintiendo y será descubierto con extrema facilidad.
Estos niños poseen, inconscientemente, un particular sentido de la justicia y de los valores. Aunque no sean criados en una familia en donde la honestidad y la verdad sean importantes, ese niño tenderá a ser honesto aun cuando no sea apropiado, según los demás, serlo. Y aunque nadie les diga qué está bien y qué está mal, hay cosas que ellos nunca harán sólo porque su conciencia se los impide, aunque nadie los esté viendo. No es que no lo hagan porque lo decidan. Es más bien porque no se les ocurre. De ese tipo de "consciencia" estoy hablando. Esa es otra razón por la que otras personas pueden llegar a pensar que ese niño es torpe: porque a él no se le ocurre lo que para todos los demás sería la primera acción a seguir.
El niño va a tener un riquísimo mundo interior. No es extraño que pueda jugar solo, inventándose amigos imaginarios y armando en su mente todo lo necesario para que una pila de ramas y un par de tarros vacíos se conviertan en una aventura llena de emoción, en donde el niño puede reír, apasionarse, tener miedo e incluso llorar con tanta convicción como si todo estuviera pasando en el mundo real. Ese tipo de imaginación no desaparecerá con el paso de los años, por lo que cuando el niño crezca sentirá que ha pasado por cientos de aventuras distintas. Y, aunque imaginarias, sacará lecciones de cada una de ellas y las aplicará en el mundo real.
Esta fértil imaginación también tiene sus bemoles. Al no encontrar en el mundo real nada que le apasione tanto como sus fantasías, el niño frecuentemente se sentirá fuera de lugar e incomprendido. Esto puede hacer que termine refugiándose excesivamente en sus juegos imaginarios.
El cariño hacia los animales y la naturaleza es muy fuerte en nuestro niño. Se encariñará con facilidad con todo tipo de animales que pueda encontrar, observará a todos tipo de insectos que pueda y disfrutará de los bosques y lugares verdes. Y los animales y niños pequeños también se sentirán atraídos hacia él. Muchas veces dará la impresión de que existe como un secreto entendimiento entre los animales y el niño. Otras, los bebés sonreirán al niño especial como si lo conocieran, aunque sean completos extraños. Eso aunque el niño especial no sepa tratar ni a los animales ni a los bebés.
Nuestro niño también tendrá ciertos talentos especiales: generalmente serán artísticos, y acompañados de una inteligencia (mental u emocional) que otros calificarán como de superior a la media. Claro que el niño pensará que eso es natural en todos, aunque el tiempo le demostrará lo contrario. Es necesario que el niño desarrolle esos talentos. En caso de que por algún motivo no pueda hacerlo -o le fuercen a ignorarlos y le obliguen a estudiar lo que no quiere-, ese niño crecerá con un vacío emocional similar a si le hubiesen amputado una parte del cuerpo.
Quizás debido a todas las diferencias entre este niño y los demás, él siempre disfrute de largos momentos de soledad. Difícil saber -incluso para él- si realmente gusta de estar solo, o simplemente necesita alejarse de tanta persona con la que siente que, en el fondo, no tiene nada en común.
O quizás sea porque es demasiado sensible. Porque cada vez que sienta cariño por alguien (animal, persona o lo que sea) lo sentirá desde lo más profundo de su corazón, y cada vez que sufra será como si le clavaran una estaca con pimienta en ese mismo corazón. Pobre niño especial, muchas veces lo verán fascinado por un juguete viejo y roto que cualquier otro niño tiraría a la basura, y muchas otras lo verán destrozado llorando por una pena que otros olvidarían con un chocolate y unas monedas.
Quizás sea esa sensibilidad su punto más frágil. Porque cada alegría lo llenará completo, pero cada decepción, engaño u ofensa lo marcará incluso de por vida y la llevará a cuestas como una cicatriz antigua, pero que nunca sanará del todo. El arrepentimiento y el perdón existen, desde luego, en esos niños. Pero, si se dan cuenta de que han hecho un daño grande, aunque puedan arrepentirse para los demás, en su interior pueden pasar años en que se sigan mortificando a ellos mismos por haber cometido ese daño. Y cuando les toca perdonar, aunque lo hagan de corazón siempre recordarán el dolor que se les ha infringido, aunque ya no le guarden rencor a la persona.
Porque el niño especial sabe lo que es amar de verdad. Pero no se engañen, porque también puede odiar y mucho más que los niños comunes. Quizás porque el amor y el odio son solo dos extremos de la misma cuerda, y la intensidad de las pasiones es demasiado para que el niño pueda controlarlas.
Pero aunque este niño piense que es torpe y sienta que no encaja con los demás, aunque viva frustrado o fracase muchas veces, siempre va a mantener dentro de sí una extraña sensación de superioridad. Muchas veces preferirá no intentar algo, pero no porque crea que no puede, sino porque verá que debe lidiar con tantas personas falsas, agresivas y egoístas y eso lo va a desanimar desde el principio. Claro que cuando niño apenas se dará cuenta de que no se atreve por eso. Mucho menos lo entenderán sus mayores. Y nuevamente existe la posibilidad -frecuente- de que él mismo y los demás lo consideren un cero a la izquierda.
Otro tanto se dará en sus encuentros con el sexo opuesto. Este niño rara vez va a entender la coquetería, esa actitud de "dar y quitar", de parecer agradable y luego distante, con la intención de hacer más emocionante la conquista. Para él no existe la idea de conquista, sino el deseo de acercarse a alguien que le atrae, en donde nadie se atrapa a nadie. Sea que la otra persona le atraiga por amor o solo sexo, preferirá mostrarse sincero y como es, y no pretender ser otro ni andar con mentiras. Y sentirá un cierto desprecio por aquellos que suelen comportarse así.
El interés espiritual estará más despierto en nuestro niño, aunque puede darse el caso de que no profese religión ni creencia. Rara vez será realmente ateo, sino que tendrá una sensación de que hay algo más, algo superior que está ahí pero no se ve.
Algo que puede llamar la atención e incluso suscitar desconfianza hacia nuestro niño son sus bruscos cambios de personalidad en situaciones difíciles. Tal vez sea una persona cordial y tranquila, pero si se encuentra en una situación que él encuentre realmente injusta, puede arremeter con una furia que desconcierte a quienes lo conocen, y se pregunten si lo conocen realmente. Puede pasar de ser un niño callado a un líder innato, del silencio a la bulla. Y luego, cuando el peligro termina, volver a su calma habitual.
La verdad es que es muy difícil, quizá imposible, realmente conocer a nuestro niño. No convendría calificarlo de demonio, pero dista de ser lo que llamaríamos un santo. No es, como dice la habladuría popular, que tenga una conexión con su alma superior que le dice qué hacer y qué no. Es más bien que hay ciertas cosas que se le ocurre hacer y que a los demás no, y que hay otras que los demás hacen y que él jamás haría. Incluso aunque desee ser como los otros, siempre le saldrá fingido, con un sabor a hipocresía. Y es porque en el fondo, para bien o mal, su forma de ver el mundo es muy distinta a la de los demás. Pero él no lo sabe. Lo va aprendiendo con el tiempo. Y aunque llegue a la conclusión de que su forma de ver la vida es mejor, no por eso va sentirse superior. Al contrario, generalmente va a sentirse más solo y miserable.
Intentará ayudar a otros desde pequeño. Es más, siempre estará rodeado de otros que necesitan de su ayuda. El niño, sin saberlo, muchas veces dará la ayuda exacta sin querer y los demás se lo agradecerán encarecidamente, aunque para él no sea gran cosa,. Mas para él, el placer consiste en estar ayudando. Una vez que la ayuda no es necesaria, le bastará con un "gracias" y luego olvidará el asunto.
Buscará estar rodeado de personas sinceras y buenas "por dentro". No se quedará con la primera impresión de nadie, siempre querrá ver más a fondo. Y no porque sea intruso, sino porque busca ver la cara real de cada persona. Inconscientemente anhela encontrar a otros que tengan un mundo interior tan rico como el de él, aunque la mayoría de las veces se llevará decepciones que callará en secreto. Entonces va a adaptar su personalidad a lo que de él puedan entender esas personas a las que llamará "amigos". Cada tanto tratará de mostrarse más profundo, más abierto. Y cada tanto, también, se dará cuenta de que simplemente no pueden entenderlo, lo que le causará un triste sentimiento de desazón.
Hemos hablado de este niño en diversas etapas de su vida, incluso algunas de cuando se es adulto. Pero le seguimos llamando "niño". Porque en el fondo nunca dejará de ser un niño. No se trata, no señor, de una de esas personas que se resisten a pensar como adultos, e insisten en actuar como si tuvieran diez años cuando tienen cincuenta.
Nuestro niño crecerá, madurará y se hará un hombre. Pero algo dentro de sí se mantendrá intacto, inmaculado. Algo dentro de él no se domesticará nunca, ni será moldeado por la sociedad y sus vicios. Ese algo se puede ver en sus ojos grandes, abiertos y curiosos como los de un bebé, aunque el rostro que los sostenga pueda tener cien años y mil arrugas. Ese algo que impone respeto, ternura y/o desconfianza, porque es evidente que esconde algo muy grande dentro.
Si el niño-hombre ha logrado crecer sin olvidar ese "algo especial", entonces de seguro, tenga éxito o fracase, será más o menos feliz en su vida. En caso contrario, ese pequeño mundo interior le mortificará y le volverá miserable hasta la muerte.
Y es que no estamos hablando de un juego. Aunque nuestro niño es especial, nació siendo especial pero nunca se sintió especial. Se dio cuenta de que los otros eran distintos, y entonces cayó en la cuenta de su propia originalidad. Pero eso no le hace sentirse mejor, sino inmensamente aislado. En el fondo le gustaría que todas las personas del mundo fueran niños(as) especiales. Que cada uno tuviera su propio mundo interior y que entre todos pudieran compartirlos y hacer algo mejor que pasarse la vida en intrigas, envidias, mentiras y dobleces. Suena un tanto idealista.
Pues, los niños especiales también son un tanto idealistas.
Yo lo sé muy bien.




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